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Ciclismo

Miras al frente, deseando llegar al final, con tus manos agarrando con fuerza los puños del manillar y tus pies pedaleando a toda velocidad tratando de dejar atrás a tus rivales. Sabes que no puedes más, que tus pulmones no dan más de sí y que todo tu cuerpo está entumecido a causa del esfuerzo realizado hasta ahora, pero la meta está cerca. Ya se ve. Decides hacer un último sprint y, sin saber cómo, dejas atrás el dolor y el sufrimiento, sacando fuerzas cuando no esperabas encontrarlas y valiéndote de tu bicicleta para, por fin, llegar a la meta.

Además de la velocidad, la concentración y la resistencia, la principal característica del ciclismo es, obviamente, la bicicleta. Los primeros antecedentes de este vehículo se encuentran en Egipto y en China, donde las ruedas estaban hechas de bambú. Pero la primera bicicleta con pedales fue inventada en el año 1839 por el escocés Kirkpatrick Macmillan, basándose en anteriores inventos parecidos como el “celerífelo” o la “máquina andante”, una especie de carruaje compuesto por dos ruedas.  Se llevan realizando competiciones con bicicleta desde que prácticamente se inventó, y es que las primeras carreras datan de 1868. Poco a poco el deporte se popularizó con la creación de diversas modalidades y la formación de federaciones nacionales e internacionales, lo que propició que el ciclismo se convirtiera en un deporte olímpico en los Juegos Olímpicos de Atenas en 1896, primera edición de los Juegos Modernos.  En esas olimpiadas se celebraron cinco pruebas de pista y una prueba de ruta. 

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